A veces pasamos por días en los que sentimos que todas las puertas están cerradas y la carga sobre nuestros hombros se ha vuelto pesada. En ese momento, los pensamientos comienzan a carcomernos: «¿Cómo saldremos de este problema?» o «¿Qué pasará mañana?». Pero si nos calmamos un poco y miramos hacia atrás, a las historias de los profetas y los justos, encontramos grandes lecciones que calman el corazón.
Contempla la historia de María, hija de Imrán; ella atravesó una situación difícil, y sin embargo se le dijo: ﴿Come y bebe, y sé feliz﴾. ¡Gloria a Dios! A pesar de toda la presión y la difícil situación que vivía, la guía divina llegó a ella con serenidad, disfrutando del sustento y la paz interior.
¿Por qué nos agotamos?
La verdad que debemos vivir es: Vive tu vida y no te agotes con pensamientos excesivos, porque Dios tiene los mejores planes. Pensar en exceso no cambiará el destino, pero la confianza en Dios es lo que transformará tu estado de ánimo, llevándolo de la ansiedad a la seguridad.
Ten plena certeza: Quien te creó no te abandonará.
Recuerda: La dificultad siempre va seguida de la facilidad.
Difunde la tranquilidad: entre tus seres queridos, tu familia y tus amigos. Difunde la confianza en Dios, porque el alivio está cerca. Confía en todos los asuntos.
Tu sustento está escrito y preservado.
No te preocupes por el mañana ni temas la falta de oportunidades. Recuerda siempre este gran versículo que zanja todo debate sobre el tema del sustento: ﴿Y en el cielo está tu provisión y lo que se os promete﴾. Tu sustento no está en manos de nadie, ni está a merced de las circunstancias; tu sustento está con el Rey de Reyes.
Sé «feliz»: en paz, confiando en Aquel cuya orden está entre el «Kaf» y el «Nun» (Sé, y es). Da los pasos necesarios y deja el resto al Causante de las causas, y créeme, verás el alivio de donde no lo esperas.