¿Alguna vez has tenido la experiencia de hablar con alguien que da consejos lógicos con tanta fluidez como el agua que fluye, pero por alguna razón, tu corazón se siente frío y terminas agotado?
¿Has tenido alguna vez esa experiencia?
Por otro lado, hay personas que no son necesariamente habladoras o buenas contando chistes, pero después de solo 15 minutos con ellas, la niebla en lo profundo de tu pecho se disipa.
Sin darte cuenta, te encuentras derramando naturalmente los verdaderos sentimientos y debilidades que no podías contarle a nadie más: personas que poseen un misterioso sentido de seguridad.
Estas personas son los INFJ y los INFP.
Si eres INFJ o INFP y tienes un pensamiento complejo como "No soy bueno hablando, así que mis habilidades de comunicación son bajas...", quiero que deseches ese malentendido ahora mismo.
Lo que posees es el don supremo del diálogo, la "EQ (Inteligencia Emocional)", que supera con creces a aquellos que simplemente son buenos hablando.
Las "habilidades de comunicación" que el mundo alaba a menudo se centran en la agilidad mental y la velocidad lógica (IQ). Cómo organizar información y cómo convencer a otros con argumentos sólidos.
Sin embargo, esa forma de hablar puede convertirse fácilmente en "autosatisfacción que ignora las emociones de la otra persona".
Mientras tanto, los INFJ y los INFP conversan en una dimensión completamente diferente.
Más que lo que dices, estás leyendo la "dirección del viento emocional" que sopla en el corazón de la otra persona en tiempo real.
El momento en que el tono de voz se endurece por solo 0.1 segundos. El momento en que la mirada cae ligeramente al suelo. El momento en que un destello de tristeza cruza los ojos aunque estén sonriendo.
Sin perder esas mínimas fluctuaciones emocionales, puedes ajustar suavemente la temperatura y el ángulo de tus palabras para que no traspasen el corazón de la otra persona.
Si la conversación estilo IQ es un "reflector LED cegadoramente potente" que ilumina solo los hechos, entonces la conversación INFJ e INFP es la "llama de una chimenea en una cabaña de montaña en pleno invierno" que envuelve suavemente un cuerpo congelado.
No fuerzas a la otra persona a abrirse con lógica; simplemente te quedas a su lado junto al fuego y esperas a que su corazón se derrita por sí solo.
¿Por qué eres capaz de un diálogo tan gentil?
Es porque, durante esas noches pasadas a solas, has masticado repetidamente el dolor en tu pecho y reflexionado, preguntándote: "¿Le hice daño con esa palabra?" o "¿Por qué me siento triste ahora mismo?".
Esas dolorosas y solitarias horas de introspección fueron el entrenamiento definitivo que elevó tu resolución emocional al nivel humano más alto.
Por eso no necesitas intentar hablar de manera brillante o fluida.
Tus palabras torpes pero cálidas son el santuario definitivo que salva los corazones de las personas heridas en una sociedad moderna desbordante de lógica fría.





