Un día... en nuestra clase para padres e hijos, pasó esto. Un niño de 2 años intentaba ponerse los zapatos de interior solito, pero no lograba hacerlo bien.
Poco a poco se fue frustrando y, al final, lanzó el zapato lejos.
La mamá lo recogió y se lo volvió a ofrecer diciendo: "No se tira", pero el niño respondió "¡No!" y lo tiró otra vez.
Entonces, cuando la mamá guardó el zapato diciendo: "Ah, ¿entonces no te los quieres poner?...", el niño gritó "¡Nooooo!!" y se enfadó muchísimo.
"¿Pero en qué quedamos?!"
...es lo que pensarías (jaja). La mamá también estaba perdiendo la paciencia. Es una de esas situaciones en las que casi te dan ganas de decir "¡Basta ya!".
Pero si traducimos el comportamiento de este niño a "palabras", la cosa cambia un poco.
"Quiero hacerlo yo solo. Pero no me sale bien. Me frustra no poder hacerlo. Pero no es que no quiera ponérmelos. No sé qué hacer".
Ese era, probablemente, su estado emocional.
Entonces, ¿cómo deberíamos relacionarnos con los niños de 2 años?
Comprender su etapa de desarrollo y saber interpretar su comportamiento ayuda a reducir la frustración de los padres y amplía tus opciones para actuar.
He creado una hoja de ruta que resume la mentalidad que me ayudó a soltar mi propia frustración. Puedes recibirla gratis aquí.
En este artículo, basándonos en el desarrollo de los niños de 2 años y en lo aprendido de logopedas, analizaremos cómo ver el acto de "tirar cosas" y las "rabietas".
1 | Entender el desarrollo: no todas las habilidades avanzan al mismo ritmo

A esto se le llama desequilibrio del desarrollo.
Alrededor de los 2 años, los niños pueden hacer más cosas por sí mismos. Ya caminan, corren, agarran objetos y los tiran. Y su deseo de "hacer esto" se vuelve bastante evidente.
Por otro lado, la capacidad de explicar al instante estados como "quería hacerlo yo solo", "me frustra no poder", "ayúdame solo con esta parte" o "eso no está bien" todavía está madurando.
Además, la habilidad de frenarse cuando se frustran o de calmarse solos también sigue en desarrollo.
Por lo tanto,
El "¡quiero hacerlo!" ya existe. Pero
el "¿cómo lo comunico?" aún no ha llegado.
Es entonces cuando ocurren estas situaciones.
Por supuesto, no todas las rabietas o lanzamientos de objetos se explican por un "retraso en el lenguaje". Hay muchos factores involucrados, como el cansancio, el sueño, la estimulación sensorial o la dificultad para cambiar de actividad.
Sin embargo, son muy comunes los casos en los que "querer comunicarse y no poder" intensifica la frustración.
2 | Si no puede tirar cosas... ¿qué debería hacer en su lugar?
Volviendo al niño de los zapatos de interior. Está claro que hay que reducir la conducta de tirar objetos.
Pero, en lugar de limitarnos a prohibir que tire cosas, es importante enseñarle una conducta alternativa que pueda usar en lugar de lanzar.
Lo que queremos enseñarle ahí son palabras muy sencillas. Por ejemplo:
"Ayuda"
Si intentó ponerse los zapatos solo y no pudo, decir "ayuda" significa que un adulto lo asistirá un poquito.
Si un juguete se atasca, que diga "saca". Si un recipiente no abre, que diga "abre". Si quiere más, que diga "más".
Empatizamos con la lucha del niño, le enseñamos con paciencia cómo expresarlo con palabras y vamos ampliando poco a poco su vocabulario.

3 | Crear caminos distintos a "llorar lo resuelve todo"
Imaginemos que un niño llora "¡Buaaa!" porque algo no le sale bien. Si los adultos nos adelantamos y se lo hacemos todo cada vez que pasa eso,
Le cuesta → Llora → El adulto lo resuelve
esta experiencia se va acumulando.
No se trata de "malcriarlo". Desde la perspectiva del niño, simplemente aprendió que "este método funciona para comunicarme".
Así que vamos a crear otra ruta.

Le cuesta → Dice "ayuda" → Recibe apoyo
Si todavía no sabe decir "ayuda", el adulto puede ayudarle poniéndole él la palabra, diciendo algo como: "Necesitas ayuda, ¿verdad?".
Y cuando logre decir "ayuda" por sí mismo, respóndele adecuadamente. Usar palabras sirve para comunicarse. Usar palabras resuelve problemas.
Esa experiencia en sí misma es fundamental.
Cuando hable, no te limites a cumplir lo que pide; préstale atención también al hecho de que usó palabras.

4 | Cambios reales en el comportamiento
Bien, ¿y qué pasó con el niño que tiraba los zapatos del principio?
Le aconsejé a la mamá que intentara enseñarle palabras sencillas para pedir cosas, como "ayuda" y "saca", en el día a día.
Para que pudiera pedir ayuda con palabras cuando algo le costara. En otras palabras, aumentamos las soluciones más allá de "pedir mediante acciones".
Después de 1 o 2 meses, la conducta de tirar objetos desapareció tanto en casa como en la clase.
Por supuesto, este es solo el avance de un niño. No significa que "enseñar 'ayuda' elimine las rabietas en todos los niños".
Pero me dejó una impresión muy fuerte.
Este niño no era un "niño que tira cosas", sino quizás
un niño que no sabía cómo pedir ayuda cuando algo le costaba.
Pensar de esta manera cambia por completo lo que los adultos podemos hacer.
5 | ¿Se construyen las bases de la comunicación antes de enseñar palabras?
Esto es algo que considero sumamente importante.
Aunque quieras ampliar su vocabulario, exigirle constantemente "¿Qué se dice?", "Hay que decir 'ayuda', ¿no?", "Venga, dilo" puede convertir la comunicación en un "examen" para el niño.
Las palabras existen originalmente porque queremos transmitirle algo a alguien.
Por eso, creo que es crucial no solo enseñar las palabras en sí, sino también observar qué mira el niño, qué intenta hacer y qué intenta comunicar.
6 | Métodos para construir las bases de la comunicación
Aquí resulta muy útil tomar como referencia el Enfoque Inreal.
En Inreal, en lugar de que el adulto imponga sus enseñanzas de forma unilateral, valoramos actitudes como esperar en silencio, observar con atención, intentar comprender la intención del niño y escuchar sus señales no verbales.
A partir de ahí, verbalizamos lo que el niño está haciendo y ampliamos ligeramente las palabras que él ya dijo, nutriendo así la interacción.

En Japón, hay estudios de caso que demuestran que interactuar con los niños leyendo la intención detrás de sus acciones según los principios de Inreal transformó comportamientos que antes se veían como "fijaciones" en puntos de conexión con los adultos.
Por supuesto, dado que estos estudios tienen muestras y diseños de investigación limitados, no podemos afirmar que el mismo efecto aplique a todos los niños.
Sin embargo, empezar por recibir lo que el niño intenta comunicar y ponerle palabras es clave.
Este concepto es muy útil en las interacciones cotidianas entre padres e hijos.
7 | Mira primero lo que el niño ve, no lo que tú quieres que vea
Por ejemplo, van caminando por la calle, la mamá ve un coche de policía y señala diciendo: "¡Mira! ¡Un coche de policía!".
Pero en ese momento, el niño estaba mirando al perro que tenía delante.

En estos casos, primero verbaliza lo que está en el campo de visión del niño, diciendo: "Había un perrito, ¿verdad?".
Solo con esto ya se crea un intercambio de "yo también veo el mundo que tú ves".
A partir de ahí, el niño mira al adulto. El adulto responde.
Estos pequeños intercambios se acumulan y se convierten en la base de la comunicación.
En clase, veo muy seguido a padres e hijos que se "desencuentran" de esta manera.
8 | El lenguaje es como una pistola de agua
A veces explico el desarrollo del lenguaje usando la analogía de una pistola de agua.
El agua del depósito es el vocabulario.
La boquilla es el movimiento de la boca.
Y el gatillo es el deseo de transmitirle algo a alguien.

Aunque entiendan muchas cosas, la capacidad de pronunciarlas quizás aún no haya madurado.
A la inversa, aunque ya digan palabras, si les faltan experiencias de "querer contarle algo a alguien" y "recibir una respuesta al contarlo", el lenguaje como herramienta de comunicación difícilmente crecerá.
Así que no basta con decir "¡Intenta decirlo!".
Verbaliza lo que el niño está mirando. Ponle palabras a sus acciones. Y asegúrate de que, cuando se comunique, el mensaje llegue.
Al multiplicar las experiencias de "las palabras son útiles" y "quiero volver a intentar comunicarme",
creo que estamos creando un entorno donde el lenguaje florece con facilidad.
Resumen: 3 cosas que recordar cuando te preocupen los "objetos voladores / rabietas"
Si estás lidiando con conductas difíciles de tu hijo, hazle una captura de pantalla a esto y recuérdalo cuando tenga una crisis.
✔ Piensa: "¿Qué quiere decir realmente este niño?"
En lugar de fijarte solo en la acción de tirar, llorar o morder, intenta traducir el sentimiento detrás de ella: "ayuda", "saca" o "quería hacerlo yo solo".
✔ Enséñale conductas alternativas para usar en lugar de tirar
Amplía las palabras sencillas que puede usar cuando algo le cueste, como "ayuda", "saca" y "abre". Lo importante es darle formas alternativas de comunicarse, no solo frenar la conducta.
✔ Multiplica las "experiencias de ser comprendido" antes de forzarlo a hablar
Ponle palabras a lo que el niño mira. Respóndele cuando se comunique. Estos pequeños intercambios llevan al "vamos a intentar usar palabras".
Criar a los niños inevitablemente genera frustración. Cuanto más te esfuerzas por ser paciente, más terminas explotando algún día.
De hecho... a mí me pasaba lo mismo.
Por qué logré soltar esa frustración y convertirme en una madre que confía en su hijo y sabe esperar: resumí todo ese proceso en una hoja de ruta.
Además, basándome en conocimientos de psicología y neurociencia que me ayudaron personalmente, comparto 10 recursos, incluyendo cuadernillos y plantillas que puedes empezar a usar mañana mismo.
Ahí volqué todo lo que pensé: "Ojalá lo hubiera sabido antes".

Para quienes me conocen por primera vez: como maestra de educación infantil y como madre, comparto lo que he aprendido y notado al interactuar con los niños ↓




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