Siempre nos enfocamos en "¿cómo lo haremos?" y "¿quién nos ayudará?". Nos preocupamos por las causas y las personas, olvidando el motor principal que lo cambia todo: la "Certeza" (Yaqeen). La certeza no es solo una palabra; es un sentimiento interno que te permite caminar con tranquilidad, incluso cuando todas las circunstancias indican que es difícil o imposible.
Honestamente, ¡tu certeza en algo lo hace realidad! Cada día me convenzo más de que cuando el corazón está seguro de Dios con una fe absoluta, todo lo que desea se cumple. Una certeza conectada solo con Dios, que rompe todo apego a la creación y a las causas. Esa certeza y esa voz interior que te dice una y otra vez que Dios es capaz de todo no serán en vano, ¡y verás sus frutos en tu vida!
Cuando llegas a la etapa de alzar las manos al cielo mientras "sabes" y estás seguro de que Dios sanará tu corazón, es entonces cuando los milagros empiezan a tomar forma. La diferencia entre la persona que alcanza su meta y la que lucha es esa voz dentro del corazón... la voz que te dice "Dios es Generoso" justo en el momento en que el mundo entero se cierra sobre ti.
No vincules tu felicidad o tus sueños a esta o aquella persona, ni digas "si esto no sucede, no tendré éxito". Corta tu apego a todo y déjaselo solo a Dios. Este tipo de fe pura es lo que abre puertas cerradas y te trae sustento de donde menos lo esperas. Ten confianza, vive con un corazón lleno de certeza y recibe las buenas nuevas del Generoso, que nunca rechaza a quienes buscan Su ayuda.





